Historia y Carisma



Historia

La Congregación de los Misioneros del Verbo Divino fue fundada por San Arnoldo Janssen, en el año1875, en Steyl en los Países Bajos, a orillas del río Mosa, cerca de la frontera con Alemania.

El amor y la gracia de Dios nos han reunido de diversas naciones y continentes en una Congregación religiosa y misionera, consagrada al Verbo Divino y distinguida con su nombre”.

Prólogo de las Constituciones SVD

Transcurridos 4 años de haber fundado la Congregación, San Arnoldo envía los dos primeros misioneros: José Freinademetz, hoy en día también santo y Juan Anzer, ambos a China.

En el año 1889 fundó la casa de San Gabriel, en Mödling, cerca de Viena. En el mismo año, dos misioneros van a trabajar en la Argentina: Enrique Becher y Germán  Löcken.

En 1892, la Congregación se hace cargo de una misión en Togo y se abre una segunda comunidad, en la Alta Alemania, en Nisa. Pronto se embarcan nuevos misioneros a Ecuador, Brasil y Nueva Guinea, sucesivamente.

La Congregación va creciendo en número y servicios, rápidamente. Después de 25 años de existencia, cuenta con 200 sacerdotes, de 250 seminaristas y unos 400 hermanos en votos temporales y perpetuos. En el año de la muerte del Fundador, 1909, estas cifras se duplican, llegando la Congregación a registrar 400 sacerdotes, 400 seminaristas y varios centenares de postulantes y novicios.

En la actualidad la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino somos alrededor de 6.000 miembros y estamos presentes en 75 países en misión.


Carisma

Por su nombre, nuestra Congregación tiene un cariño y un compromiso especial por la Palabra de Dios. San Arnoldo decía: “Su vida es nuestra vida, su misión es nuestra misión.”

Vivimos el ministerio misionero en comunidad. Escuchamos la Palabra de Dios y vivimos de acuerdo a lo que ella nos dice; de esta manera, con nuestros dones y limitaciones, nos convertimos en sus mensajeros. Intentamos dar un sencillo y profundo testimonio de vida cristiana, a través de la vida consagrada, como individuos y en comunidad. Transmitimos con alegría el encuentro que tenemos con Jesucristo y aportamos en la construcción de su Reino.

La Encarnación de Jesús es el paradigma misionero de nuestro ser y hacer. Nos inculturamos allí donde misionamos para que Jesucristo sea conocido y más amado. Por esta razón, el diálogo y las actitudes dialogantes son las maneras preferenciales con las cuales configuramos nuestras personas y comunidades. A través de diversas y sencillas maneras optamos y caminamos junto a los pobres y oprimidos.


El anuncio del Evangelio

La actividad misionera es el fundamento y meta de nuestra Congregación. Todo nuestro trabajo, aunque diversos, a una sola cosa: la tarea misionera de la Iglesia de servicio del Reino.

Siendo miembros de la Congregación de los Misioneros del Verbo Divino, dedicados al anuncio de la Palabra de Dios, fomentamos comunidades la vivencia de comunidades solidarias en torno a la Palabra y a los sacramentos, en comunión con la Iglesia universal. Por eso nuestras presencias y misiones se caracterizan allí donde Jesús no es conocido o lo es de manera insuficiente, fortaleciendo de esta manera la vida cristiana en las iglesias particulares. Específicamente implementamos cuatro dimensiones: el anuncio de la Palabra de Dios, fomentamos la comunicación interpersonal y a través de los medios de comunicación, damos impulso a la animación misionera y nos comprometemos con la justicia, la paz y la integridad con la creación.

Allí donde es posible, acompañamos a las comunidades de base y movimientos apostólicos. De esta manera y de otras, identificamos y animamos al protagonismo de líderes al servicio de la vida.


Internacionalidad

Uno de nuestros sellos distintivos es que nuestras comunidades misioneras están integradas por hermanos de distintas nacionalidades. De esta manera damos testimonio de la universalidad de la Iglesia y de la fraternidad entre las personas.

La internacionalidad no es un fin en sí mismo, sino un medio que nos exige y permite apertura al mundo y a la diversidad cultural.

Intentamos que nuestros misioneros no vivan solos y que nuestras comunidades estén integradas por presbíteros y hermanos. En nuestras comunidades, se utiliza el idioma oficial del país en el que trabajamos. Esto significa estar disponibles para ser enviados a cualquier parte del mundo, con el único fin de ser misioneros de Jesucristo y su Reino. ¡Es un desafío muy lindo el ser enviados a otros pueblos y culturas, como así también amarlas y fecundarlas con el mensaje de Jesucristo!


Consejos Evangélicos

El compromiso con Jesucristo, a través de la vida misionera y religiosa en nuestra Congregación forman un todo. Con humildad y actitud de discípulo nos consagramos a Dios por medio de tres votos: pobreza, castidad y obediencia evangélicas. Estos votos nos asocian estrechamente al Señor y a la comunidad.

El voto de pobreza nos compromete a ser pobres como Jesús; es por ello que ponemos a disposición del Reino y su misión todo lo que somos, nuestros talentos, el tiempo y las oportunidades que él nos ofrece para servir con alegría.

La castidad, nos invita a ser plenamente humanos por medio del celibato y crear comunión en el amor, entre nosotros y en la misión.

La obediencia es el itinerario del caminar en la dirección del Reino y en la concreción de la voluntad de Dios, a través del discernimiento y la toma de decisiones comunitarias.


Apertura a los signos de los tiempos

En un mundo desgarrado por experiencias de injusticia y divisiones, lo que aleja el designio de Dios a la humanidad, nuestras comunidades desean ser un testimonio verdadero de unidad y de respeto. Éste es un signo de los tiempos que queremos contagiar a todo el mundo. Y por eso nos comprometemos con él.

La Palabra de Dios es la luz que ilumina a todo hombre (cf. Jn 1:9). Como misioneros de la Palabra, identificamos y amamos la presencia de Dios en las diversas religiones y culturas del mundo. Son las presencias de Dios que nos manifiestan su amor a la humanidad y su deseo de dialogar y encontrarse con cada persona, con cada cultura.

Dios, Uno y Trino, nos anima con su Espíritu para que seamos gestores de vida, en las sendas del Evangelio de Jesucristo desde el corazón del Padre.