Con la celebración del miércoles de ceniza iniciamos nosotros, los católicos, el itinerario cuaresmal, son 40 días de oración, ayuno y caridad como preparación personal y comunitaria para la Pascua. Los 40 días conmemora los 40 años que el pueblo de Israel caminó por el desierto, después de la salida de Egipto, antes de llegar a la tierra prometida y los 40 días que Jesucristo pasó en el desierto antes de iniciar su vida pública.
Tanto los 40 años de camino del pueblo de Israel como los 40 días de Jesús por el desierto indican un proceso, un itinerario, que lleva hacia el cumplimiento de lo anunciado por los profetas. En esta reflexión tomo esa historia del pueblo de Israel descrita en el libro del Éxodo como un paradigma que nos ayude a profundizar el significado de este tiempo cuaresmal.
En la historia del Éxodo el personaje extraordinario es Moisés, una vez cruzado el mar rojo los israelitas inician la travesía de los cuarenta años de camino por el desierto bajo la guía y liderazgo de Moisés y Aaron. Me pregunto ¿por qué 40 años? Esta pregunta me llevó a ver el mapa geográfico y a simple vista ¿eran necesario 40 años para llegar a destino? Y dije que no, entonces por qué tuvieron que tomarse todo ese tiempo para llegar, seguro que hay muchas explicaciones. Hoy disponemos de muchos medios de información y uno de esos medios es la IA, le pedí que me hiciera el cálculo del tiempo que se pudo haber tardado en aquella época para hacer el recorrido desde Egipto hasta Canaan, la respuesta fue que se tardaría entre 17 y 30 días sin tomar en cuenta los obstáculos geográficos naturales como ríos y montañas, tomando en cuenta esos obstáculos digamos que se necesitó medio año, entonces es mucha la diferencia, ¿por qué los 40 años? ¿Era necesario todo ese tiempo?
Aquí mi reflexión e intuición. En Ex 12,40, se dice que los israelitas estuvieron en Egipto 430 años hasta la salida, son 4 siglos que vivieron en Egipto, en una tierra catalogada como de esclavitud, lo que significa que ellos habían asumido una forma de vida una forma de situarse, una cierta identidad (esclavos) y todo lo que eso implica, en esa situación aparece la figura de Moisés, que les promete sacarlos de aquella realidad con el poder de YAVEH, entonces muchos lo escucharon y lo siguen, no fue fácil la salida, tienen que suceder las 10 plagas sobre Egipto, con la última plaga son prácticamente expulsados de aquellas tierras y tienen que salir huyendo, pasan el mar rojo y se encuentran en el desierto y lo que eso significa.
El hecho de salir huyendo indica que salen como un grupo de subversivos que se han rebelado contra aquella forma de vida, no son un pueblo todavía, son un grupo de hombres, mujeres, niños y ancianos que sueñan con la libertad inspirada por Moisés; pero aquí está una cuestión humana y es que una cosa es la realidad física y otra la realidad de la mente. Al haber pasado el mar rojo ya son libres físicamente, pero a nivel mental todavía siguen en Egipto, y es aquí donde la realidad del desierto toma el sentido de purificación, ahora deben aprender a ser libres y para eso tienen que desaprender la esclavitud. Tienen que purificarse interiormente y eso lleva tiempo, aquí se necesitaron los 40 años, fue todo un proceso; proceso en el que tuvieron la tentación de regresar, de volver a sus costumbres aprendidas en Egipto, debieron enfrentar sus vacíos, sus miedos, sus sombras y al ir experimentando todo aquello van reconociéndose como pueblo, van dejando de ser un grupo simplemente para formar un nevo pueblo, con una identidad propia y sólida, identidad forjada en el ambiente de desierto, y es allí mismo donde reciben las tablas de su ley, los 10 mandamientos lo que ya hace referencia a un orden, una organización, una estructura de pueblo elegido.
Este proceso de purificación supuso ir dejando atrás creencias, seguridades etc. Fue un ir muriendo literalmente al hombre viejo para que pudiera surgir el hombre nuevo, de hecho, muchos van ir quedándose en el camino, tuvo que ser muy doloroso. Es lógico que los adultos que salieron de Egipto no llegaron a la tierra prometida, los que van a llegar serán los nacidos en el desierto, incluso el mismo Moisés no llegó, se le permitió verla de lejos, pero no pudo llegar.
El desierto como lugar de silencio y soledad en donde no hay ningún tipo de distracción, es el ambiente propicio para centrarse en el centro del ser, el corazón; y desde allí distinguir el yo esencial del ego, es decir reconocer la imagen de Dios que soy-somos, y al lograr eso experimentamos la verdadera libertad y junto a ella está el amor, y todo esto es en sí la gracia que se nos concede de estar ante la presencia del mismo Señor.
Entonces, los israelitas antes de entrar a la tierra prometida tuvieron que pasar por la experiencia del desierto para purificarse en esos 40 años y luego constituirse como pueblo de la Alianza con el Dios vivo, el Dios de Israel, quien reveló a Moisés su nombre: YO SOY.
En este sentido, esta parte de la historia de Israel por el desierto fue y sigue siendo un paradigma que puede ayudarnos a profundizar nuestro camino de fe, y de manera muy especial para esta cuaresma que ya nos disponemos a iniciar.


