La Sabiduría en Israel se compila en los Libros Sapienciales (Proverbios, Job, Eclesiastés o Qohélet, Eclesiástico o Ben Sirá, y Sabiduría de Salomón), abarcando desde el siglo VIII a.C. hasta las vísperas de la era cristiana. Para Israel no existía separación entre lo profano y lo sagrado; la sabiduría consistía en saber vivir y comprender al hombre y su entorno mediante tres etapas fundamentales:
La Sabiduría Antigua
Surgida del ámbito familiar y popular, concebía al sabio como el artesano experto que dominaba las leyes de una creación armónica, buena y ordenada (Gn 1). Su arquetipo humano fue el rey Salomón, célebre por su organización estatal, sus conocimientos naturales y sus cantos y proverbios (1Re 5,10-14), cuya fama atrajo a la reina de Sabá (1Re 10,1-10) y cuyo genio jurídico quedó plasmado en el juicio a las dos madres (1Re 3,16-28).
Esta sabiduría de carácter práctico se plasmó centralmente en Proverbios y defendió la justicia social, la retribución terrenal y el valor de la alegría:
- «Buena es la riqueza adquirida sin culpa, mala es la pobreza causada por la arrogancia» (Si 13,24; cf. 40,26).
- «Más vale poco con justicia que mucho con injusticia» (Pr 16,8).
- «Dichoso el que se apiada de los pobres» (Pr 14,21).
En ella la sabiduría se personifica como una dama que llama al conocimiento:
- «Vengan a mí los que me desean, y saciarse de mis frutos…» (Si 24,19-21).
- «Yo amo a los que me aman, y los que me buscan con afán, me encuentran» (Pr 8,17).
Asimismo, el texto advierte contra la falsa sabiduría y la astucia perversa:
- «Más se puede esperar de un necio que de alguien que presume de sabio» (Pr 26,12).
- «No es Sabiduría ser experto en maldad, no es prudencia la deliberación de los malvados» (Si 19,22).
Tras el progreso salomónico surgieron desigualdades y opresión; y después del destierro en Babilonia, la noción maduró hacia el plano moral, identificando al sabio con el hombre justo y al necio con el malvado:
- «La ganancia del justo es la vida, la renta del malvado es el delito» (Pr 10,16).
- «El necio está contento de su proceder, el Justo escucha el consejo» (Pr 12,15).
La Sabiduría Crítica
Al constatar que en la vida real los justos sufren y los impíos prosperan, entra en crisis la doctrina tradicional de la retribución intramundana, dando paso a dos grandes obras:
- El Libro de Job: Cuestiona la justicia de Dios frente al dolor del inocente. Job exige explicaciones divinas (Jb 9,15.32,33; 13,3.22; 21,35-37) y lamenta su miseria: «¿Por qué me ocultas tu rostro y me tratas como a un enemigo?» (Jb 13,24), «¿No es un servicio la vida del hombre a la tierra? …» (Jb 7,1) y «Si he pecado, ¿qué te he hecho, Centinela del hombre?» (Jb 7,20). Finalmente, Dios revela la trascendencia de su obra, llevando a Job a reconocer el misterio divino: «Hablé sin pensar de maravillas que me superan y que ignoro. Sólo de oídas te conocía, ahora te han visto mis ojos Señor» (Jb 42,3-6).
- El Libro de Qohélet: Analiza la existencia desde una profunda racionalidad, concluyendo que «todo es vanidad», pues la muerte iguala a todos y «quien acumula cultura, acumula dolor» (Qo 1,12-2,16). Con todo, invita a recibir el gozo cotidiano como una dádiva: «Comprendí que no hay nada mejor para los hombres que alegrarse y pasarlo bien en esta vida. Pero también, que el hombre coma y beba y disfrute de todo su trabajo es don de Dios» (Qo 3,12-13).
La Sabiduría Religiosa
Ante la limitación de la mente humana para abarcar el infinito, la sabiduría pasa a fundarse en la revelación y en una actitud reverente:
- «El Temor de Dios es escuela de Sabiduría» (Pr 15,33; cf. Si 1,16.18).
Esta corriente se bifurca en dos perspectivas:
- El Eclesiástico (Ben Sirá): Identifica la revelación con la Torah; la sabiduría radica en guardar los mandamientos: «Si deseas la Sabiduría guarda los mandamientos, y el Señor te la concederá» (Si 1,26).
- El Libro de la Sabiduría: Escrito en el entorno helenístico de Alejandría, funde el pensamiento oriental con la filosofía griega. Presenta la sabiduría como un don del Espíritu de Dios e introduce la esperanza de la retribución en la otra vida: «la Justicia es inmortal» (Sb 1,15) y «Dios creó al hombre para la inmortalidad» (Sb 2,23).
La evolución de la sabiduría —que transitó de lo práctico y científico a lo filosófico y luego a lo teológico— culmina en el Nuevo Testamento, donde Cristo es proclamado Sabiduría encarnada (Mt 11,19; par; Lc 11,49; Mt 23,34-36; 1 Co 1,24-30; Jn 1; todo el Evangelio de Juan). Aunque este crucificado resulte «escándalo para los judíos y necedad para los gentiles» (1 Co 1,23), manifiesta que la auténtica sabiduría es el amor.


