Séptimo Día

La Magia de Amor para Ablandar el Corazón

En la tribu Chuar en Papúa Nueva Guinea, el nacimiento de una nueva criatura humana es algo muy sagrada y también viene con algunos tabús. Antes no había hospitales, el parto siempre tomó lugar en una choza especial (casa del parto) en la periferia del pueblo. Desde la primera noche las personas adultas hacen guardia; las mujeres más cerca a la madre y su criatura recién nacida y los hombres a un poco más de distancia. Eso es para proteger la vida del niño recién nacido y su madre de los malos espíritus y otras cosas malas.
Siempre hacen fuego por la creencia que el ambiente se purifica por el calor y humo del fuego fresco y además que espanta los malos espíritus. La madre está completamente restringida de tocar cosas comunes que ocupan los demás, ella tiene su plato y taza especial que no se puede mezclar con la de los demás. Después de tres días se baña para ir a su casa y también se levanta la guardia. Pero la madre sigue siendo impura incluso su criatura. Ella no puede hacer los trabajos normales ni cocinar; solo guarda su distancia y no debe tocar las cosas de la casa hasta que llegue el momento de unos rituales (baño de limpieza) para que ella salga de su impureza y así otros puedan tocar y alzar también a su bebé.
Los adultos hacen guardia por el respeto y para proteger la nueva vida que es muy frágil. Ellos toman ese momento de guardia para compartir el uno con el otro, tanto las alegrías y las penas, de sa manera, pasar las noches en alerta. Si algunos han tenido malas experiencias, o han mirado mal al otro, ese momento es una oportunidad de charlar y reconciliarse entre uno y el otro. La madre tiene un lugar especial, es honrada, porque tiene en su brazo una nueva vida, y la vida es sagrada, por eso, en esos días ella es tratada como una reina, no hace nada, pero se alimente bien.
El Niño Dios nace en un lugar pobre, no en el hospital sino en un establo, en la periferia del pueblo donde viven los animales. Su madre es muy honrada por tener a Él en sus brazos. Los reyes magos le visitan y dan regalos. Al mismo tiempo los pastores le dan su compañía y su protección.
El niño Dios vino a traernos la paz y la alegría, a salvarnos de nuestra oscuridad. Es la magia del amor de la Navidad, el ablandar el corazón de muchos.
¡Celebremos la navidad con mucha devoción, paz y alegría!

Dios nos habla

1Sam 2,1.4-8
Mi corazón se regocija en el Señor, tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenado de alegría.
El arco de los valientes se ha quebrado, y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces, y la madre de muchos hijos se marchita.
El Señor da la muerte y la vida, hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y también enaltece.
El levanta del polvo al desvalido y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes y darles en herencia un trono de gloria.

Reflexionamos

Esta lectura es parte del Cántico de Ana – la madre de uno de los líderes grandes de la historia, el profeta Samuel. Fue precisamente Samuel quien ungió a los primeros reyes de Israel… Quien conoce toda la historia (cf. 1S 1,1-28), sabe que Ana era una mujer estéril, y Samuel era un niño muy deseado, esperado y querido. A eso se debe esa alegría que Ana puso en su cántico. Es una alabanza a Dios que hace las cosas maravillosas y se percata de los más pequeños y humildes de la tierra. La angustia de Ana se convirtió en una alegría grande porque confió en el plan de Dios. Unos siglos después, otra joven – María, se inspiró en las palabras de Ana para alabar a Dios por hacerla parte de su plan de salvación…
Andres Pesta, SVD

Dialoguemos

¿En qué me inspira la alabanza de Ana y de María?
¿En qué consiste para mí una vida realmente feliz?
¿Cuáles son las felicidades del mundo y cuál es la felicidad que ofrece Dios?

Presentemos algunas oraciones espontáneas que nacen en nuestro corazón…

             Decidamos juntos como ayudar a la familia que identificamos ayer como necesitada… (compra de víveres, ayuda de arreglar algo en su casa, etc.). Propongámonos realizar esa ayuda…

             (para los niños): Adornemos el pesebre con los adornos brillantes navideños y flores. Ellos expresan nuestra alegría de pertenecer a Cristo…


“La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El mundo necesita padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza a los que quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción. Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio.”
Papa Francisco, Patris Corde, 7

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